Las alumnas Laura Sánchez Incinillas, de 2ºA de ESO, y Laura Preciados Abascal, de 1ºC de Bachillerato, han resultado ganadoras, en las categorías A y B, respectivamente, del II Certamen de Microrrelatos del IES Valle de Piélagos, que este año tenía como tema la sonrisa.

Al certamen se presentaron un total de 93 trabajos en las dos categorías, la A, que abarcaba los tres primeros cursos de la ESO, y la B, dirigida a 4º de ESO y los dos cursos de Bachillerato. Los premios fueron entregados por el director del centro, Ricardo Gómez Gómara, el viernes 22 de diciembre. En el descanso de la ceremonia, celebrada en la biblioteca del centro, los asistentes disfrutaron de una actuación musical de Paula Álvarez, al chelo, acompañada de la profesora de Música Lola Fernández.

 

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Paula Álvarez, durante su actuación musical.

 

 

En la categoría A obtuvieron el 2º y el 3er premio Patricia Benítez Sánchez y Javier Diego Escudero, respectivamente, ambos del 1ºE. En la categoría B, también resultaron premiados Enrique González Gutiérrez, de 2ºA de Bachillerato, y Marcos Mesanza Rodríguez, de 1ºC de Bachillerato, con el 2º y el 3er premio, respectivamente. También recibió una mención especial María Herrero López, de 4ºA, por haber presentado el mejor relato en lengua extranjera.

Todos los galardonados recibieron un diploma y un libro de relatos, además de un vale económico por valor de 50€, 30€ y 20€ para los puestos primero, segundo y tercero, respectivamente.

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A continuación, se reproducen los relatos de los ganadores.

LA SONRISA, UN ARMA

Le había dicho que tenía que esforzarse al máximo posible, no podía cometer ningún error. Debía permanecer en silencio, sin respirar, junto a mí, debajo de la cama. Entonces comenzó la pelea, que se había convertido en algo cotidiano. Ana estaba temblando de miedo, la abracé para tranquilizarla, pero de nada sirvió. Los gritos se acercaron cada vez más, hasta que mis padres entraron en nuestra habitación. La discusión continuó, hasta que mi madre cayó al suelo, como un peso muerto, delante de nosotras. En ese instante, mi padre se agachó, nos vio y nos sacó de nuestro escondite. Apestaba a alcohol, me dedicó la sonrisa más siniestra que jamás he visto, era como si me estuviera amenazando con un cuchillo y tuviera intención de usarlo contra mí. Entonces, pronunció estas amenazadoras palabras sin soltar su sutil arma –  ¿creías que podríais esconderos de mí? – Y comenzó el esperado infierno.

Laura Sánchez Incinillas, 2º ESO A

REPETIR

Entró, me asusté, no la miré, me lo entregó, temblé, salté de miedo, me miró, tenía una despiadada sonrisa, con maldad, mucha maldad, y me dijo: ¡hasta septiembre!

Patricia Benítez Sánchez, 1º ESO E

FAMILIA FELIZ

Estábamos todos felices en casa de mi abuelo, comiendo las castañas que habíamos recogido unas horas antes, pero cuando se acabaron, todos nos fuimos a nuestras casas.

Mi abuelo cerró la puerta, se sentó en el sofá y sonrió mientras encendía la tele: “por fin solo”. Pero cuando encendió la tele, solo se acordaba de las caras sonrientes de su familia comiendo las castañas.

Javier Diego Escudero, 1º ESO E

 

CINCO AÑOS

Todos los meses le hacía una visita, siempre me decía lo mismo, la misma frase, las mismas palabras, “todo muy bien, pero todavía queda tiempo”. Yo volvía y volvía y volvía para ver si algún día terminaba aquello y algo cambiaba. Pero no, después de cinco años sigo igual. Y yo me pregunto, ¿me quitará mi dentista algún día los brackets? ¿Tendré algún día la sonrisa perfecta?

Laura Preciados Abascal, 1º BACH. C.

LA SONRISA REDENTORA

“Un grave atentado en Egipto se ha llevado la vida…” con un fuerte manotazo sobre el mando apagó la tele; “siempre lo mismo”, pensó. Se tomó el frugal desayuno que había preparado, cogió sus libros y se encaminó a la parada de autobús.

Desde que su madre los abandonó ya nada fue bien, para colmo, su padre llevaba un mes hospitalizado. Y él, alma en pena, no conseguía enderezar sus estudios; las notas perdían sentido escondidas tras el cinco.

Bajó los escalones del autobús preguntándose qué hacía allí, para qué debía repetir esa absurda rutina llamada educación, si de todas formas no encontraría trabajo.

Avanzó por el estrecho y angustioso pasillo, con sus claros ojos azules. Ella lo observaba, sus labios rojos transportaban una sonrisa provocadora. Pasó rozando junto a ella sin decir nada. Al entrar en clase, llevaba la sugerente y redentora sonrisa de ella pegada a sus labios.

Enrique González Gutiérrez, 2º BACH. A

NEGOCIOS TURBIOS

Entré en el autobús y me encontré con un niño que tenía en sus manos una bolsa de caramelos, debía de ser un niño pobre por las ropas y el aspecto. Me acerqué a él y saqué un billete de 100 € y le ofrecí el dinero a cambio de los caramelos. El niño me miró y alegre aceptó el cambio.

Y así es como me deshice de un billete falso.

Marcos Mesanza Rodríguez, 1º BACH. C

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