Los integrantes de La caña literaria se han encontrado con escenarios escabrosos, pistas confusas, carnicerías indescriptibles, asesinos meticulosos, embaucadores despiadados… Y así llevan cinco años. Lo que comenzó en 2012 como una inofensiva tertulia literaria sin pretensiones, que reunía a profesores (profesoras, la inmensa mayoría) y padres (madres, casi en su totalidad) del instituto, ha acabado consolidándose como una de las reuniones mensuales del Valle de Piélagos.

La literatura negra se constituyó, de inicio, en el germen que aglutinó a una veintena de locos lectores en torno a los asesinatos de ficción. Bien es verdad que, al cabo de cinco años, los temas de lectura han sido amplios y variados. Las sedes de reunión han ido cambiando con los años, pero siempre se ha mantenido el perfil de encontrarse en algún restaurante de la zona, con una sala tranquila, en la que departir en torno a un café, una infusión o, por supuesto, una caña.

Autores como Pierre Lemaitre, Fred Vargas, Lorenzo Silva o Isabel Allende han desfilado ya por las fauces de estos ávidos lectores. Este mes, la última obra de Javier Marías, Berta Isla, se constituye en una forma de viaje para La caña literaria.

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